Itinerario de Roma: qué hacer en 3 días

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Roma es un museo al aire libre donde cada esquina cuenta dos mil años de historia. Con tres días puedes ver lo imprescindible y aún tener tiempo para perderte por sus callejones.

Día 1: La Roma antigua

Empieza temprano en el Coliseo, símbolo del Imperio, y continúa por el Foro Romano y el Palatino con la misma entrada combinada. Por la tarde sube a la plaza del Campidoglio y asómate a las vistas. Termina en la Bocca della Verità y el barrio de Monti, lleno de trattorias. Dónde comer: prueba una auténtica cacio e pepe o una pasta all'amatriciana. Muchas cartas de las trattorias familiares están solo en italiano y escritas a mano, así que fotografiar el menú para traducirlo evita malentendidos.

Día 2: El Vaticano

Dedica la mañana a los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina; compra la entrada online para saltarte colas enormes. Después visita la imponente Basílica de San Pedro y, si tienes ánimo, sube a la cúpula para una vista inolvidable de la ciudad. Por la tarde pasea por Castel Sant'Angelo y cruza el río hacia el Trastevere. Dónde comer: pizza al taglio para un almuerzo rápido y, por la noche, carbonara en una trattoria del Trastevere. Transporte: el metro línea A te deja cerca del Vaticano (parada Ottaviano).

Día 3: Fuentes, plazas y barroco

Haz una ruta a pie por el centro histórico: la Fontana di Trevi (lanza una moneda), el Panteón, mejor conservado del mundo antiguo, y la Piazza Navona con sus fuentes de Bernini. Sube la Escalinata de la Plaza de España y termina en la zona de compras. Por la tarde, los Jardines de Villa Borghese y su galería de arte, que conviene reservar. Dónde comer: un suppli frito como aperitivo y gelato artesanal de postre. Transporte: el centro se recorre mejor caminando; las distancias son cortas y agradables.

Consejos finales: lleva calzado cómodo para los adoquines, rellena la botella en las fuentes públicas de agua potable (nasoni) y desconfía de los restaurantes con fotos enormes junto a los monumentos, suelen ser caros y turísticos. Reserva las entradas principales con antelación y madruga para evitar las aglomeraciones. Roma se disfruta despacio, con un café espresso en la mano.